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La Pobreza de la Infidelidadescribe Roswell GorisJun 7, 2011 ![]() Vivimos en una sociedad de hombres infieles enfocados en cazar relaciones pasajeras que alimentan un círculo lleno de miseria y engaños. No es difícil encontrar, hombres que sostienen relaciones a escondidas con múltiples parejas sin medir las consecuencias emocionales y económicas que les pueda causar. Si miras a tu alrededor encontraras suficientes evidencias. Para muchos hombres es trivial aplastar sin consideración la autoestima y la confianza de una mujer, comprometida a cimentar hogares donde crezcan ciudadanos íntegros y moralmente competentes. También es aceptable arruinar la vida a familias o relaciones de años, en amoríos efímeros, cuando se destapa el ineludible secreto que suele relucir en el momento más inesperado, porque nada es completamente secreto en esta vida. Recuerdo que una tarde lluviosa y fría tome un taxi del trabajo a la casa. El taxista jocosamente comenzó hablarme de su vida personal con sus hijos y esposa. Obviamente apreciaba la estabilidad del hogar, pero también me confesó sus historias de múltiples aventuras. En un momento, durante su relato lo interrumpí, y le hice la misma pregunta que le haría a cualquier otro hombre que haya sido infiel, si él aceptaría lo mismo de su mujer, si el aceptaría que ella tuviese múltiples relaciones con diferentes hombres, y que si esta aptitud estaría acorde con el respeto los derechos de cada ser humano. El retumbo de sus carcajadas cesó abruptamente, y el reflejo de sus dientes lucíferos cambio en el retrovisor, a una frente surcada por fantasmas atormentadores, que le angustiaban su identidad varonil. Después de una profunda inhalación para recobrar su compostura, me dijo que no era lo mismo. “Claro que es lo mismo” le conteste, es justo que acepte el mismo trato de su mujer, y es injusto, por no decirle hipócrita, tratarla con diferentes criterios. A nadie le gusta ser maltratado. Todos nos merecemos los mismos derechos humanos. Le dije “En Arizona la ley anti inmigratoria le permite a un policía detenerte e interrogarte por una simple sospecha de que puedas ser ilegal y probablemente porque no eres rubio de ojos claros, si lo fueras esto nunca sucedería, y estoy seguro que te gustaría que te traten como a uno de ellos". Fue imposible que el taxista considerara mi argumento, se comenzaba a indignar, y todavía faltaban muchos kilómetros para llegar a casa, no quería que me dejara tirado, en medio de la autopista como lo ha sabido hacer un querido primo taxista, en sus arranques volátiles con pasajeros dificultosos. Sabía que reaccionaria de esta manera antes de formularle la pregunta, porque la infidelidad para los hombres trasciende razón o lógica, porque asentamos nuestra identidad masculina en la mujer que tenemos de pareja, y esperamos la misma devoción de madre, mientras somos deshonestos. La sociedad ejerce una fuerza infiditacional subyugante para el espíritu débil masculino, porque la infidelidad es considerada una insignia social, un símbolo de orgullo, entre amigos y desconocidos. La utilizamos como un repertorio de anécdotas cuando deseamos recibir una certificación empática, generalmente de otro hombre como lo utilizó el taxista. Incluso las propias madres incentivan conductas en sus hijos que inducen a futuros comportamientos pérfidos en parejas, por eso considero que el hombre no es el único culpable. Las mujeres desarrollan patrones contraproducentes, en el manejo de sus relaciones, que van carcomiendo paulatinamente la relación. No es una excusa para justificar la felonía masculina, es un constituyente más que influye a forjar traidores habilidosos llenos de miseria moral, espiritual y económica. Creo que todos entendemos instintivamente como una traición amorosa nos puede robar el autoestima desmoralizándonos, y como nos sojuzga el corazón distorsionando nuestra brújula espiritual, y no vislumbramos las implicaciones económicas que nos afectan durante generaciones. Según las Naciones Unidas, el desarrollo humano es posible cuando las comunidades mejoran su condición de vida, respetan los derechos humanos, sitúan a las personas en el centro del desarrollo, así incrementando la calidad de vida de cada una de ellas, y para determinar los niveles de la calidad de vida se utilizan indicadores como, el empleo, ambiente físico, arquitectura, salud física y mental, recreación, pertenencia y educación. Dentro de todos estos indicadores, la educación es el factor determinante que permite el desarrollo del individuo y que éste pueda lograr mejores resultados en los otros indicadores. Los niveles de educación, según las Naciones Unidas, son medidos por la tasa de alfabetización de adultos y la tasa bruta combinada de matriculación en educación primaria, secundaria y superior, así como los años de duración de la educación obligatoria. Padres infieles malgastan el tiempo y recursos económicos en amoríos callejeros, comprometiendo el desarrollo humano de sus propios hijos, sin lograr algún resultado favorable, que aporte a un incremento en calidad de vida de familia. El comportamiento pérfido no muere con el padre, padres infieles están moldeando como deben actuar sus hijos dentro de una relación o un matrimonio. Los niños son un libro vacío que copian del hogar lo que escuchan y ven. Manuel un amigo en sus mediados veintes, me había contado que su madre decidió renunciar al amor de su padre después de ser desmoralizada por las múltiples infidelidades durante años. Manuel creció en un ambiente viciado de engaños, donde presenció vivamente el sufrimiento de su madre. Es lógico pensar que Manuel; sería sensible a una infidelidad y su conciencia no lo consentiría, pero sorprendentemente no es así, Manuel es un experto en continuar el patrón que vio de su padre, y dentro de sus relaciones no percibe que causa el mismo dolor de su madre a otras mujeres cuando es infiel. Le dije “Manuel acabaste de hablar con más de cuatro chicas diferentes que solo quieres para la cama’’. Malgastaste tanto tiempo en llamadas, mensajería de texto, en redes sociales, en nada que te cambie la vida. ¿Cómo vas a conseguir lo que deseas si pierdes tu tiempo en relaciones pasajeras que te subyugan a tu condición económica? No tienes tiempo para enfocarte en los estudios, que es la única manera digna para una familia pobre o de clase media salir adelante, y cuando terminas con estas relaciones pasajeras, no has avanzado en nada tu desarrollo personal, no has estudiado nada, no has hecho nada que te ayude, solo continuas perdiendo tu tiempo y esto es un ejemplo perfecto que el tiempo es dinero, deberías enfocarte en tu universidad o si no te gusta, enfocare en una carrera técnica que te permita ser útil a la sociedad”. El modelo es claro, los hijos así como los padres aprenden por método de ejemplo en sus casas a malgastar en amoríos inciertos el tiempo y dinero, y cuando son padres continúan el patrón envolviendo en las faldas de amores precarios los recursos económicos que pueden ser utilizados para comprar libros, pagar una lección de música, de arte, de baile, ósea los recursos que puedan estimular el intelecto de los hijos. El amor por la educación se infunde en el hogar, así estableciendo relaciones verdaderas que permita al árbol familiar crecer robustamente. La infidelidad tiene ramificaciones perdurables que transferimos de generación a generación, como un virus para asegurar que el ciclo de infidelidad y engaños continúe inhibiendo el desarrollo humano. Pocos sabemos que detrás de una infidelidad se oculta la miseria, que está allí aguardando como una bestia, lista para destrozar el núcleo familiar, donde delicadamente se cultiva el bienestar social y el incremento en la calidad de vida. La infidelidad contamina los factores y condiciones necesarias que facilitan el desarrollo de comunidades donde crecen sus miembros, comprometiendo el desarrollo del país, porque los países están compuestos de comunidades, las comunidades de familias, y las familias de machos infieles que dedican más tiempo en amoríos callejeros que a educar a sus hijos.
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